Compartir bienestar 7

COMPARTIR BIENESTAR – DÍA 7

«ENTREGA Y ACEPTACIÓN«

Mensaje introductorio

Bueno, 9 AM y recién estoy compartiendo con ustedes los recursos de hoy. ¿Por qué sería esto un problema, si nunca me comprometí a una hora determinada? Pues porque esto pone en jaque mis expectativas y creencias, lo que se supone que “debería ser y hacer”. Y cuando el proceso para obtener la información no fluye tan fácilmente, me enfrento a diferentes emociones, dudas, contradicciones, inseguridades.

Hoy el texto que les comparto hace referencia a la entrega, al igual que el primer día de este Compartir Bienestar, abriendo nuestro corazón y aceptando incondicionalmente las experiencias que vivimos, aunque no nos agraden. Porque todas ellas tienen mucho para enseñarnos.

En lo particular, ahora me toca arrojarme un manto de piedad porque este proceso no fue lo que esperaba, y escuchar qué tiene que decirme la confusión que quedó alojada en mi interior.

Abro el corazón para entregarles este recurso, muy personal en el día de hoy, esperando les sea de utilidad para abordar cada experiencia con aceptación y entrega. Lo acompañamos nuevamente con sonidos e imágenes que realmente nos conectan con el corazón y alivianan, sin duda, la carga extra que le solemos poner a lo cotidiano.

Material

MI CORAZÓN Y LA BONDAD BÁSICA

“El corazón no tiene nada que ver con el sentimentalismo, sino que es una presencia directa que nos permite sintonizar plenamente con la realidad. En este sentido se trata de la capacidad de conmover a los demás y de ser conmovidos por ellos, de conectar con los demás y de permitir que los demás conecten con nosotros. Una doble actividad que nuestro lenguaje expresa cuando decimos, por ejemplo, «le entregué mi corazón» o «le abrí mi corazón», equiparando el corazón a una puerta batiente que se abre en ambas direcciones. Y es que. Al igual que ocurre con el movimiento de sístole y diástole, la mente-corazón implica tanto la apertura receptiva a los demás (o dejar ser) como la salida activa para encontrarse con ellos (o ser con ellos). De formas muy diferentes, el trabajo psicológico y el trabajo espiritual engrasan las bisagras que permiten la apertura completa de esa puerta en ambas direcciones.

Nuestro corazón se cierra cuando no nos permitimos tener nuestra propia experiencia, sino que comenzamos a juzgarla, criticarla o tratar de convertirla en algo diferente de lo que es. No es infrecuente que, cuando nos sintamos enfadados, necesitados, dependientes, solos, desconcertados, tristes o asustados creamos que algo funciona mal en nosotros. Continuamente estamos poniéndonos condiciones a nosotros mismos y a nuestras experiencias: «Algo debe funcionar mal en mí cuando me siento así… Yo sólo puedo aceptarme cuando mi experiencia se ajusta a mi ideal».

El trabajo psicológico dentro de un contexto espiritual nos enseña a aceptar incondicionalmente nuestra experiencia, más allá del gusto o del desagrado. Y esto es algo que, obviamente, se ve alentado por la cordialidad, el respeto y la aceptación incondicional con que el terapeuta se abra a la experiencia de su cliente, sin importar cuál sea ésta. Los niños occidentales no suelen recibir este tipo de aceptación incondicional, por lo que acaban interiorizando las condiciones impuestas por sus padres o por la sociedad –“Sólo serás una persona aceptable cuando cumplas nuestras normas”- y, en consecuencia, siguen imponiéndose condiciones que no hacen sino seguir alienándose todavía más.

El Dalai Lama y muchos otros maestros tibetanos han expresado reiteradamente su sorpresa por el odio hacia sí mismos que los occidentales encierran en su interior, algo ajeno a las culturas budistas tradicionales, en las que existe una comprensión de que la mente-corazón -también conocida como naturaleza del Buda es incondicionalmente abierta, compasiva y sana. ¿Por qué deberíamos odiarnos si todos somos budas potenciales?

Según Chógyam Trungpa, la esencia de nuestra naturaleza es la bondad. Y con ello no quería tanto decir que las personas sean moralmente buenas, lo cual, considerando el mundo que nos rodea, resultaría un tanto ingenuo como que nuestra naturaleza primordial es incondicionalmente sana, porque se halla conectada con la realidad. Este tipo de bondad primordial trasciende las nociones convencionales de bondad y maldad, y se encuentra más allá de la personalidad y de la conducta condicionada que siempre entremezcla tendencias positivas y negativas. Desde esta perspectiva, las conductas malas y destructivas no son sino el resultado de la acción de personas que ignoran la salud que se oculta en su naturaleza esencial.”

JHON WELWOOD: “Psicología del Despertar”

 

Marilín Zijlstra – Octubre 2020