Compartir bienestar 6

COMPARTIR BIENESTAR – DÍA 6

«MATRIMONIO INTERIOR Y PAZ INTERIOR»

Mensaje introductorio

Mucho se habla de las energías femenina y masculina que todos llevamos dentro, de nuestro matrimonio interior. Nosotros como seres, estamos compuestos por un ser femenino y un ser masculino que nada tienen que ver con la identidad sexual o con ser hombre o mujer.

El ser masculino es esa parte capaz de tomar decisiones rápidamente, focalizar en un objetivo y avanzar con fuerza y valentía. Llevada al extremo, puede expresar intolerancia, arrogancia o agresividad. La energía masculina se identifica con la mente racional y está regida por el hemisferio izquierdo del cerebro, que es el del análisis, la lógica y la precisión.

Por otro lado, el ser femenino es aquella vertiente de la persona que es capaz de expresar empatía, capacidad de trabajo en equipo, facilidad para la multitarea, voluntad de inclusión; pero también aquella parte que es dubitativa, perfeccionista e insegura. Esta está claramente vinculada al hemisferio derecho del cerebro, donde residen atributos como la creatividad y la capacidad comunicativa.

Como vemos, tanto la energía masculina como la femenina tienen dos manifestaciones: la de la luz y la de la penumbra, la que construye y la que destruye.

En las generaciones anteriores las energías masculina y femenina se identificaron con el género, provocando en el interior insatisfacción permanente y, por supuesto, la manifestación de este desequilibrio en el exterior en todas las áreas.

A nosotros nos toca abordar el tema y aprender a gestionarlo, reconocer la existencia de ambas energías en nuestro interior y buscar los caminos para que ambas se expresen en equilibrio. Buscar la paz interior de nuestro “matrimonio sagrado” y manifestar las cualidades de ambas energías.

Les comparto los recursos de hoy para aportar a este tema tan interesante y tan actual. Nuevamente tomamos a Thomas Moore, quien nos instruye sobre el “Matrimonio Interior”, y sumamos a *Jorge Benito* que nos cuenta cómo lograr la paz interior.

Espero les sea de utilidad el material y les deseo equilibrio y paz interior, de hoy en adelante.

Material

EL MATRIMONIO INTERIOR

«En el interior del individuo se produce un matrimonio de carácter misterioso. Los antiguos griegos lo llamaban hie-ros gamos, matrimonio sagrado. Es la reconciliación de los numerosos extremos opuestos que existen dentro de uno y que, a medida que se conectan una y otra vez a lo largo del tiempo, le permiten ser creativo y vibrante.

Las divinidades griegas Zeus y Hera, hornadas por su amor eterno e intensamente volátil, representan este matri­monio sagrado del alma. Dicen que cuando gozan de su amor en una delicada nube de luz, el semen del gran dios lle­na al universo en un espasmo de energía creativa. Algunas historias sagradas de India sostienen también que el mundo es fruto del amor de Siva y Sakti. Los Upanisads cuentan que Atinan creó una compañera femenina de cuyo amor nace el mundo. En el cristianismo, José y María representan una unión sagrada especial de la que nace un nuevo reino.

Estas leyendas de la mitología y la religión pueden in­terpretarse en relación con el cosmos, la cultura humana o el individuo. A nivel personal, existe también una unión in­terior, una conexión íntima entre los diversos elementos del ser, que con frecuencia se revelan como extremos opuestos; emocional / racional; caliente / frío; joven / viejo; feliz / tris­te; íntimo /distante. El ideal no consiste en integridad o in­tegración, sino en matrimonio y amor, no en una supera­ción de las diferencias sino en una coexistencia creativa y una influencia mutua.

Es difícil discernir estos secretos en otra persona, de modo que trataré de describirlos como yo los experimento. Durante toda mi vida, por ejemplo, he sentido la vocación de la enseñanza y hago vida pública, pero al mismo tiempo soy tímido y apocado, especialmente en ciertos ambientes socia­les. La mayoría de las personas se sienten cómodas al hablar ante un pequeño grupo de gente, pero yo me siento muy co­hibido. Entiendo que es un aspecto decididamente neurótico de mi carácter, y por más que trato de superarlo, no lo consi­go. Por tanto, procuro «casar» mi vocación pública con mi extremada sensibilidad. Estos extremos opuestos pueden be­neficiarse mutuamente sin superar uno al otro. Aunque mi sensibilidad me sigue incomodando, trato de aceptarla, inde­pendientemente de que quisiera librarme de ella. Dejo que in­fluya en mis escritos, en mis ideas e incluso en mi labor pú­blica. El resultado no es un matrimonio perfecto, pero jamás he visto un matrimonio perfecto.

En estas circunstancias, la diosa Hera me resulta una imagen reconfortante. Su papel consiste en aportar el poder creativo de su compañero a la vida humana. Es apasionada —celosa, irascible y cariñosa—, pero al mismo tiempo es la encarnación de una compañera constante y leal. El antiguo Himno órfico a Hera, semejante a un salmo encomiástico, dice que sin ella no existe vida ni crecimiento.

Los griegos creían que todo matrimonio humano reme­da la creativa unión de Zeus y Hera. Asimismo, representan el deseo del individuo de reconciliarse consigo mismo. El ideal en este caso no es la integración de los aspectos contra­puestos de nuestro ser, sino ligarlos de forma positiva. En el matrimonio persisten las diferencias, pero el amor consigue conectarlas de forma positiva. Debemos amar nuestras com­plejidades y contradicciones, fomentando un matrimonio in­terior y un erotismo del alma.

Este misterio lo vivimos no repartiendo literalmente las tareas del alma entre el hombre y la mujer, sino siendo am­bos dentro de nosotros mismos. Podemos ofrecer apoyo a nuestro cónyuge, dejando que Hera se mueva airosamente a través de nosotros. Cualquiera, hombre o mujer, puede ser temporalmente Zeus, asumiendo el control de la situa­ción y sintiendo su profunda autoridad. Podemos ser am­bos al mismo tiempo, para nosotros mismos, nuestra pareja y nuestro matrimonio.

Los grabados con ilustraciones alquímicas presentan a un rey y una reina abrazados en un baño o en una vasija. El resultado de esta boda química, según dice Jung, es el unus mundus, un mundo unificado, lo consciente y lo incons­ciente, en palabras de Jung, reconciliados. Yo lo expresaría como un contacto creativo entre lo espiritual y lo mundano, o lo sagrado y lo secular. Ideas, valores, aspiraciones, el ser trascendente (Zeus) casado con lo cotidiano, la vida mate­rial, el cuerpo y las emociones humanas (Hera). Cuando nuestras ideas, nuestros valores y lo más noble de nuestro ser se centra en la vida cotidiana, conseguimos el matrimo­nio sagrado del individuo, lo cual es digno de celebrarse.

Regresemos a las bodas de Cana. La madre de Jesús, se­gún la historia, observa que falta vino, al parecer un ele­mento esencial en la celebración del matrimonio. Jesús res­ponde de inmediato, no realizando un acto prodigioso, un milagro espectacular, sino mostrando un profundo miste­rio, el misterio dionisíaco de la sagrada embriaguez. Como mediador divino y humano que es, Jesús permite que este casamiento del alma se lleve a cabo manteniendo la reserva de vino. Es el adepto, el mago, el maestro sagrado capaz de unir lo espiritual con lo ordinario, al igual que éstos aspec­tos están unidos en su naturaleza humana/divina.

La noche oscura conyugal del alma es una fermentación, un proceso que Jesús lleva a cabo en pocos minutos, pero que por lo general requiere años en una relación humana. Los extremos opuestos se unen para hacer que aflore la efer­vescencia de cada vida y el tercer elemento que constituye la pareja. En ocasiones es una alquimia dolorosa, pero el resul­tado hace que la espera merezca la pena, como un buen vino que necesita reposar un tiempo en la bodega fresca y oscura hasta que madura.

Gozar de una matrimonio largo y complejo es una ben­dición. El estado de un matrimonio propicia una incuba­ción especial, creando una vasija en la que se produce la fer­mentación de los individuos y la unión de éstos. A primera vista parece un proceso sencillo y corriente, pero el mosto va adquiriendo constantemente su sabor singular. En el ma­trimonio, el mero amor que se profesan dos personas ad­quiere una dimensión cósmica. Al igual que la noche y el día de la naturaleza, un matrimonio prolongado goza de fructíferos días de relativa dicha y también de noches oscu­ras del alma.

El Eros nocturno

Yo me crié en una familia católica irlandesa en la que el sexo no existía. Nadie hablaba de ello y la palabra encerra­ba una carga tan significativa, que uno no podía utilizarla sin desencadenar un silencioso estallido emocional. Yo sen­tía la intensa turbación que provocaba el sexo, aunque na­die decía nada. Asistí a un colegio católico dirigido por monjas que fingían ser asexuadas. Estudiaba octavo curso cuando sostuve por primera vez a una chica por la cintura durante un baile. Luego, a los trece años, me trasladé a un seminario donde me enseñaron las virtudes del celibato. No tuve mi primera experiencia sexual hasta que conocí a la mujer con la que me casé a los veintisiete años.

La generación actual jamás podría comprender mis primeras experiencias. Con todo, a pesar de esta educa­ción estricta y recatada, o quizá debido a ella, me encanta el sexo y considero que forma parte de la vida. Me encan­ta la sensualidad, la visión y la exploración. Creo firme­mente que un matrimonio podría basarse en la experiencia sensual de la pareja. Gozo con la experimentación sensiti­va, y estoy convencido de que si todo el mundo pudiera conservar cierto grado de inocencia al tiempo que gozaba del sexo, la paz podría ser una realidad en este planeta.

Buena parte de la violencia está relacionada con la repre­sión sexual. Pero también sé por experiencia propia y por mi pro­fesión de psicoterapeuta que con frecuencia las personas atraviesan auténticas noches oscuras del alma debido a su sexualidad. Muchas personas que por lo demás parecen sentirse satisfechas padecen todo tipo de frustraciones. Buscan a la pareja ideal, luchan contra las enseñanzas represivas que les enseñaron en su infancia, son tímidas, se embarcan en relaciones con personas violentas, tienen abortos, temen al sexo por motivos desconocidos, son im­potentes, tienen demasiadas parejas sentimentales, no tienen suficientes parejas sentimentales, se sienten utilizadas, se sienten atrapadas junto a una persona a la que no le gusta el sexo. Abusan de sus parejas y sus parejas de ellas, son víctimas de pulsiones que no consiguen controlar, co­meten errores y viven atormentadas por profundos remor­dimientos.

El deseo de gozar de un sexo satisfactorio puede condu­cirnos casi a la locura, porque el sexo toca lo más profundo de nuestra alma, y los deseos y complejos relacionados con él alcanzan nuestra misma esencia. El sexo representa vida. Cuando uno goza de un sexo satisfactorio, siente que la vida es satisfactoria y positiva. Cuando el sexo no es satis­factorio, uno tiene la sensación de que todo va mal. Si pasa una larga temporada preocupado por un problema sexual, es posible que esa noche oscura trate de devolverle su se­xualidad. Tenga presente que una noche oscura no es un dolor infructuoso sino una labor específica que se desarro­lla debajo del nivel de su conciencia.

A menudo el sexo se convierte en un problema cuando uno está a punto de pasar a otro nivel en su vida. Las pare­jas se sienten con frecuencia trastornadas por esa tendencia del sexo a desbaratarlo todo y causar conflictos y dolor. Uno puede confundir un repentino aumento de vitalidad con la necesidad de cambiar de pareja o el deseo de expe­rimentar sexualmente. Puede sentirse confuso sobre sus sentimientos, consciente de que es obra de Eros, pero sa­biendo al mismo tiempo que no desea poner en peligro su relación.

Si uno intenta conectar sexualmente con otra persona, es posible que no se sienta plenamente satisfecho, porque esta nueva atracción quizás indique un cambio muy distin­to. He visto a personas resistir la tentación de lanzarse a una aventura erótica y al final comprobar que lo que nece­sitaban era un cambio en su carrera. Es fácil confundir los objetos de deseo, porque a menudo el sexo tiene más que ver con el deseo en sí que con un determinado objeto de ne­cesidad.

Incluso el sexo esporádico tiene su importancia y pue­de encerrar diversos significados. El mismo deseo de dis­frutar de un sexo sin complicaciones, sin comprometerse, es una fantasía llena de significado que puede ser tan im­portante como el deseo de mantener una relación senti­mental larga y comprometida. Algunas personas necesitan descubrir el amor; otras descubren que el amor no es todo. Si uno considera el sexo sólo como la expresión de una emoción, puede sorprenderle descubrir que existen multi­tud de fantasías y deseos que no están relacionados con el amor. Quizá le escandalicen las fantasías que se le ocurren con respecto a nuevas parejas y nuevas formas de expre­sión sexual. Algunas personas aseguran que esos deseos sólo los experimentan los hombres, pero yo he oído mani­festarlos tanto a mujeres como a hombres.»

TOMAS MOORE: “La noche oscura del alma”

 

Marilín Zijlstra – Octubre 2020