Compartir bienestar 20

COMPARTIR BIENESTAR – DÍA 20

«EL PRINCIPIO DE POLARIDAD Y EL MATRIMONIO«

Mensaje introductorio

Anteúltimo día de este Compartir…¡qué hermoso recorrido!

Hoy, por alguna razón, la energía sigue llevándonos a profundizar en el tema de los opuestos, las polaridades. Por momentos me he resistido, pensando en qué lindo sería tratar otros temas, pero la energía me empuja a seguir profundizando y abordando este tema desde diferentes puntos.

Pues bien, aquí estamos. ¿Será que es una de las facetas que necesitamos trabajar hoy más que nunca? No me cabe duda. Por eso, el material que surge hoy describe un escenario más en el cual se desarrolla el juego de los opuestos (el matrimonio) y, a través de un audio de El Kybalión, nos ofrece una perspectiva adicional del principio de polaridad.

Material

MATRIMONIO SAGRADO

A primera vista, el matrimonio significa la unión de dos personas para compartir una vida. Pero para al alma, esta unión tiene connotaciones tan profundas que alcanza lo es­piritual y lo sagrado. Cuando dos personas deciden com­partir sus vidas, los extremos opuestos en todos los órdenes de la vida se aproximan. El matrimonio humano forma par­te de un proceso más elevado consistente en conciliar dife­rencias. Posee connotaciones sociales y cósmicas y, cuando se aborda profundamente, incluso puede contribuir a la paz mundial.

El matrimonio constituye un largo proceso destinado a conciliar diferencias en materia de familia, historia, expe­riencias y valores. Dos personas se atraen mutuamente y de inmediato comienzan a relatarse anécdotas sobre su infan­cia, familia y experiencias. No son anécdotas superficiales ni insignificantes, pues indican la compleja unión que va a producirse.

Es posible que la pareja no alcance a comprender todo el significado de su atracción, pero debe formularse esta pregunta fundamental: ¿podemos y debemos casar nuestras diferencias? Pero también es la pregunta social fundamen­tal. ¿Es posible unir lo católico y no católico, lo judío y no judío, lo blanco y lo negro, lo liberal y lo conservador, lo sensible y lo vulgar? El amor que se profesan esas dos per­sonas no parece tener nada que ver con esos asuntos. Su amor parece más personal, pero las imágenes que rodean a las bodas indican que la unión que se celebra es más infini­tamente más importante que la de dos personas.

Buena parte de la literatura sagrada indica que los ex­tremos opuestos que hacen que la vida sea tan interesante y dolorosa no pueden resolverse desde el punto de vista inte­lectual. Es preciso hallar otro medio de conciliar esas dife­rencias y permitir que coexistan o se fundan. La alquimia indica que es un proceso prolongado y doloroso, plagado de laceraciones, desmembramientos y muertes. Posee sus momentos de felicidad y sus noches de placer, pero son hue­cos sin los otros procesos en los que las diferencias se unen y coexisten.

 

Incluso la misteriosa historia que aparece en el Evange­lio según San Juan sobre las bodas de Cana indica que, en el matrimonio, y por ende en la sociedad, el agua debe trans­formarse, mediante la alquimia que hallamos en una noche oscura, en vino. Es preciso que se produzca una insólita y sobrenatural transmutación en el fondo de un matrimonio, lo cual indica que el matrimonio es como transmutar agua en vino o, como dice Jung, la vida ordinaria en espíritu. Cuando dos personas están auténticamente casadas, sus vi­das corrientes experimentan una transformación que las convierte en personas más complejas y refinadas.

La belleza de esta alquimia reside en que utiliza de for­ma positiva procesos que oscurecen, separan, desmiembran y disuelven, los cuales por lo general se consideran negati­vos, pero en este caso son creativos. La noche oscura del amor forma parte integrante de su labor de transformar vi­das ordinarias en un proceso vital sustentado por el amor. El matrimonio, imperfecto, problemático y quizá fallido educa al alma, la obliga a salir de su escondrijo y confiere sustancia a la vida.

Yo comparo los sesenta y cuatro años de matrimonio de mis padres con la luna de miel de trescientos años de Zeus y Hera y los considero a ambos ejemplos prodigiosos de una relación entre un hombre y una mujer. En el matri­monio de mis padres, dos personas normales y corrientes se transmutaron en dos hijos sensibles y honestos, tres nietos extraordinarios, un hogar feliz, recuerdos de momentos di­chosos, amigos leales e incluso un poco de dinero en el ban­co. La unión de mis padres evoca la historia de Cana. El agua se convierte en vino. Una cuestión práctica deviene en las cualidades más valiosas de la vida humana.

Hoy en día las personas suponen que el objetivo de todo lo que hacen para mejorar —psicoterapia, religión, ejercicio, educación— es la salud y el éxito. Pero Cana in­dica que el resultado de esa magia es aún más precioso: fa­milia, amistad y un corazón en paz. Un cambio de valores nos beneficiaría culturalmente, dejando de centrarnos en la salud y el éxito para educar a nuestro corazón, lo cual pro­piciaría una auténtica comunidad, intimidad y concordia social.

La uva debe ser cosechada y prensada. Posteriormente fermenta, a medida que sigue desintegrándose. Durante el proceso a través del cual se convierte en vino, la uva expe­rimenta también su propia noche oscura. Su punto de aci­dez y su sabor nos recuerdan su periplo de la viña a la ba­rrica y de ahí a la botella. Saboreamos su trágica historia vegetal. Nos deleitamos con la efervescencia de su madurez.

La imagen de Cana demuestra que el matrimonio es un proceso análogo. No todos los matrimonios llegan a la bo­dega, pues se producen comienzos fallidos y callejones sin salida, pero el matrimonio puede ayudarle a uno a conver­tirse en una persona inteligente, moral y emocionalmente madura. Pero es preciso que participe en el proceso de fer­mentación, que en ocasiones se asemeja a una noche oscura del alma.

En algunos aspectos la noche oscura define un matri­monio, y la forma en que uno lo aborda determina que el matrimonio posea o no un alma. Si uno insiste en la felici­dad, una buena comunicación, armonía, compatibilidad y un amor constante y uniforme, es probable que se lleve un desengaño, no porque se haya equivocado al elegir a su pa­reja, sino porque se centra en temas equivocados. La mate­ria prima de la relación puede ser desagradable. Jung la des­cribe mediante imágenes alquímicas como vinagre, orines, excremento y caos. Uno llega al matrimonio envuelto en el grato aroma de ideas ingenuas y emociones sin desarrollar, quizá con una forma infantil y adolescente de relacionarse con los demás, y de pronto se topa con discusiones y dife­rencias de opinión y de criterio. El proceso del matrimonio puede transformar esta desagradable materia prima en algo maravillosamente complejo y sutil.

THOMAS MOORE: “La noche oscura del alma”

 

Marilín Zijlstra – Octubre 2020