Compartir bienestar 2

COMPARTIR BIENESTAR – DÍA 2

«EL MIEDO«

Mensaje introductorio

Por lo visto el tema de hoy es el miedo, y el miedo a la muerte especialmente como base de todos los miedos. Les comparto un texto extraído del libro “Nueve Meditaciones” de Alan Watts y esta música que acompaña perfectamente el tema.

Somos mucho más que un cuerpo físico, somos emociones, pensamientos, espíritu…energía de la más densa a la más sutil danzando al unísono con una inteligencia propia que escapa a nuestra comprensión, todo ese universo contenido en cada una de nuestras células.

Tal como una gota que cae y genera ondas expansivas, que las palabras y los sonidos toquen en ustedes aquella parte de la energía que necesita moverse, que necesita sanar, que necesita un cambio de perspectiva.

Material

“Tomemos, por ejemplo, al resto del mundo y no ya a nosotros mismos, y pensemos un momento: ¿Qué hacen las plantas? ¿A qué viene todo eso de las plantas? Sirven a los seres humanos porque son decorativas, pero, desde el punto de vista de ellas, ¿qué es eso? Es consumir aire, es consumir energía. En realidad, no es hacer nada más que ser ornamental. Y con todo, aquí está la totalidad del mundo vegetal, cactus, árboles, rosas, tulipanes, verduras como la col, la lechuga, el apio…todos danzando esta danza. Y ¿a qué viene todo esto? ¿Por qué lo hacen? Bueno, decimos, hay que vivir. Es necesario sobrevivir. Sabes, realmente hay que seguir adelante. Es tu deber, tu deber para con tus hijos. Y si uno educa de esa manera a sus hijos y les dice que deben estar agradecidos porque cumplimos con nuestro deber para con ellos, también ellos aprenderán a criar a sus hijos de la misma manera…y todo el mundo andará deprimido. En realidad, no hay necesidad de seguir viviendo. Este impulso de supervivencia es parte de la filosofía occidental. Debemos seguir viviendo porque alguna especia de gran papá nos dijo: “Tienes que seguir viviendo, ¿entiendes? Y más vale que te empeñes, porque si no…” Pues bien, el temor de la muerte es completamente absurdo, ¡porque si estamos muertos, no tenemos nada de qué preocuparnos! Estoy segurísimo de que esta planta no se dice que tiene que seguir viviendo. Y nosotros, lo mismo que ella, tenemos un instinto de supervivencia que es muy distinto de nosotros mismos y al que tenemos que obedecer.

Yo pienso en mis instintos como “impulsos”, que es el término psicológico que se usa actualmente para designarlos. Pienso que mis instintos son yo mismo. No digo: “Discúlpame, pero desgraciadamente tengo deseos de reproducirme; hazme el favor de avenirte a ellos”, ni me disculpo diciendo que lamento mucho tener necesidad de comer. Lo que digo es: “¡Viva! Yo soy ese deseo de hacer el amor y estas ganas de comer”. No es que haya otra cosa que ande empujándome; soy yo. Y no es nada que tenga que seguir. Si eso hubiera de detenerse, si yo tuviese que morir, habría una escena diferente; sería una forma diferente de la danza.

Si algo me duele, la gente me dice que no grite y no llore. Pero gritar y llorar son reacciones perfectamente naturales ante el dolor. Cuando nace un bebé, le cortan el cordón umbilical, alguien le da una palmada en el trasero y el bebé llora. Es la primera cosa del mundo. En el budismo zen hay un koan que dice que, cuando nació, el Buda se puso súbitamente de pie y anunció: “Por encima de los cielos y por debajo de los cielos, soy yo el único a quien el mundo rinde honores”. Cualquiera diría que es una forma de expresarse sumamente orgullosa. De manera que éste es uno de los problemas que se plantea a los estudiantes del budismo: ¡Cómo podía ser que, de niño, el Buda fuera tan orgulloso como para formular un enunciado tan pomposo en el momento de nacer? Y si uno entiende correctamente el problema, llora como un recién nacido, porque esa es la reacción perfectamente natural ante el doloroso suceso de nacer en este mundo. Pero después decimos: “Nene, no llores ¡Cállate! Y por ende suprimimos en los seres humanos la forma de descarga natural ante el problema del dolor. Si algo te duele, llora. Y si no puede hacerlo, entonces el dolor es tu problema. Pero para quien puede llorar, para quien puede soltarse de esa manera, el dolor no es un problema. Y si a uno le da escalofríos la muerte, la idea de la muerte, la idea de no seguir estando aquí, pues que acepte esos escalofríos y los entienda. ¿No es curioso? En realidad, ¡son escalofríos de deleite!

ALAN WATTS: “Nueve Meditaciones”

 

Marilín Zijlstra – Octubre 2020