Compartir bienestar 17

COMPARTIR BIENESTAR – DÍA 17

«LA RESISTENCIA«

Mensaje introductorio

Bueno, hoy mi mensaje va a ser cortito ya que todo lo que quiero compartirles está incluido en el material. Sólo decirles que vamos a tratar el tema de la Resistencia, como contrapartida de la Aceptación, tema que abordamos ayer. Miramos las cosas desde otro ángulo y seguimos enriqueciéndonos.

Entreguémonos al devenir de la vida, sabiéndonos sostenidos por la maravilla que nos ofrece el Universo y nuestra Tierra de la que somos parte, en esa danza, aunque misteriosa, perfecta y armoniosa.  ¿No es así? Reforcemos nuestra convicción observando y sintiendo esto: GOOD MORNING MUSIC.

Material

Buena parte de nuestros problemas psicológicos son fruto de nuestra manía de resistirnos al cambio y a la pérdida. Tenemos miedo a la incertidumbre y todavía no llegamos a confiar en que vivimos en un “sistema” absolutamente perfecto y armonioso. ¿Armonioso? Sí, continuemos y esta pregunta se responderá sola.

La resistencia resulta particularmente evidente cuando, por ejemplo, contemplamos el envejecimiento. Muchos de los cambios que vienen con la edad son mal recibidos por nosotros, ya sea que se trate de nuestras habilidades físicas o mentales, nuestro aspecto físico o los cambios que se presentan en diferentes áreas de nuestra vida (trabajo, relaciones, vivienda, etc).

Otro ejemplo de resistencia verdaderamente interesante lo describe Morella Jordi de la siguiente manera:

“El cuerpo físico está formado por células, que se agrupan formando tejidos, que a su vez forman órganos, los cuales se organizan como sistemas. Lo conocemos estupendamente bien porque lo vemos todos los días (al menos su parte exterior). ¿O no tan bien? ¿Sabes que solo el diez por ciento de las células de nuestro cuerpo son células “humanas”? Y ¿sabes qué células son el noventa por ciento restante? Adivínalo… Son algo a lo que le echamos la culpa de (casi) todas las enfermedades, algo contra lo que estamos siempre luchando y, si es posible, lo destruimos.

Son bacterias. Y sus virus correspondientes. Interesante. En nuestra mentalidad “separatista” resulta que invertimos una barbaridad de dinero en luchar contra las bacterias cuando resulta que son ¡el noventa por ciento de nuestro cuerpo! Claro que como son tan pequeñas ocupan poco, creo que unos dos kilos del peso de un adulto. Pero habitan en todos nuestros conductos, nuestras estructuras. Es como si las células humanas formaran la estructura de una ciudad, mientras que las bacterias serían los habitantes. Y en lugar de darnos cuenta de que lo interesante es que estemos en equilibrio, intentamos por todos los medios eliminarlas. No somos conscientes de que al eliminar a nuestros “enemigos” los daños colaterales son que eliminamos también a nuestros “amigos”. Porque sin bacterias no es posible la vida, ni la humana, ni la animal, ni la vegetal. Sin bacterias no habría nitrógeno fijado para poder construir moléculas (como los aminoácidos que forman las proteínas o los ácidos nucleicos que forman el ADN).

Es curiosa la manera de hacer las cosas que tenemos los humanos. En nuestro afán de separarnos, de autodefinirnos, de diferenciarnos, perdemos el sentido de lo holístico, de la unidad, del equilibrio. Y en lugar de buscar el equilibrio en nuestro ecosistema, para que tanto las estructuras como los habitantes estén en paz, nos dedicamos a declarar la guerra a los presuntos enemigos, sin ser conscientes de que ¡ellos son nosotros!”

Así como el ejemplo del cuerpo humano, tan perfecto y equilibrado, así funciona todo en el universo o, si lo quieren, en nuestra querida madre Tierra. Podemos vernos a cada uno de nosotros como una célula de este Ser que es la Tierra conviviendo con otras células como los animales, las plantas y los minerales El “sistema” funciona perfecto si cada uno se entrega y cumple su función, sabiendo que hay algo más grande que “sabe” lo que hay que hacer y hacia dónde vamos. Entonces, somos UNO con todo y estamos sostenidos, ¿no es esto maravilloso? Esta convicción realmente es muy poderosa porque nos ayuda a ser más flexibles y a entregarnos a lo que la vida nos trae, para luego tomarlo y transformarlo positivamente, usando nuestros dones.

El sistema funciona en armonía, sí, pero sólo si dejamos que esto ocurra y nos prestamos a cumplir nuestra función. Lo que sucede es que todavía buena parte de nosotros seguimos creyendo que hay algo “malo” allí afuera, en la sociedad, en los demás, en el sistema. Y, como contrapartida, muchas veces continuamos creyendo que hay algo “malo/inadecuado” en nosotros mismos. Estas creencias generan resistencia, nos preparan para la lucha o la huida y, por lo tanto, desencadenan problemas emocionales (y muchas veces físicos y mentales) y conflictos de todo tipo. Nuevamente, el problema no está en el sistema, sino en nuestra reacción frente al desconocimiento de cómo funciona, nuestra falta de flexibilidad ante lo inevitable, la soberbia de creer que podemos controlarlo todo.

¡Claro que la entrega es difícil! Es un proceso largo y que requiere de voluntad, es una práctica que se experimenta en lo cotidiano, en cada detalle, frente a cada situación nueva que se nos presenta. La flexibilidad frente a lo que nos trae la vida nos permite evolucionar y sentirnos plenos y abundantes, tal como lo describe Morella Jordi en el siguiente texto:

“Me gustaría hacer un inciso sobre la planta del bambú, sus ramificaciones no son rígidas y en tiempos de grandes vientos, pueden dejarse llevar, doblándose a veces, hasta extremos que parece que se vayan a romper, pero no. No es así. Tienen el tronco o ramificación que los aguanta flexibles, aunque fuertes, con buenas raíces, dejando que las tempestades y las fuertes ráfagas de viento las llegue a inclinar hasta extremos que parece que vayan a romperse. Luego viene la calma y recuperan su posición inicial. ¡Cuánta maestría en una caña de bambú! Son fuertes pero flexibles. Parecen incluso como débiles, pero están bien aposentadas en el suelo con sus raíces.

Con esta metáfora, así el ser humano debería ser y tener en cuenta que, aunque viva los momentos más supuestamente adversos, puede mantenerse bien enraizado en sus raíces espirituales. Deberíamos ser como el bambú en nuestra vida. Firmes, fuertes, pero flexibles. La flexibilidad es parte de nuestro potencial para llegar a nosotros mismos, a la divinidad que somos. Ser flexibles para poder dejar el camino recorrido y seguir otro si nuestro corazón nos lo indica. Ser flexibles para no apegarnos a lo pensado, y permitir que lo nuevo entre en nuestras vidas. A menudo lo recibimos, pero nos negamos a aceptarlo porque no sabemos hacia dónde nos llevará. La rigidez, en cambio, es frágil, ya que cuando vienen tiempos aparentemente adversos, la fuerza del cambio nos termina rompiendo. Dejemos que ella nos lleve allí donde debemos de ir para acercarnos a quien somos. Adaptémonos a lo que sintamos que es lo mejor para nosotros. La aceptación y la flexibilidad nos ayudan a no sufrir en la vida. Deja que, si algún cambio tiene que realizarse en tu vida, se realice. Solo puedes esperar lo mejor. No temas”.

Confiemos en la Unidad que somos

Confiemos en que estamos sostenidos en todo momento

Abramos el pecho a lo que traiga la vida

Aceptemos nuestras experiencias como camino de aprendizaje

Y seamos flexibles como la planta de bambú

Marilín Zijlstra – Octubre 2020