CB 2021 – 7

COMPARTIR BIENESTAR 2021 – 7

Hola, hola! Bienvenidos a este nuevo día para compartir textos y sonidos, para reflexionar sobre temas que nos tocan, que nos atraviesan. Hoy abordamos el tema del Perdón, especialmente para quienes han tenido pareja y terminaron su relación de manera conflictiva o dolorosa.
 

En el artículo de hoy Robin Casarjian nos comparte sus reflexiones en este aspecto, mostrándonos que el Perdón es un proceso que requiere de voluntad para ir atravesando las diferentes capas y valentía para abrir el corazón, aunque esto signifique sentir el dolor y la culpa que se mueve en el fondo. Lograr integrar el perdón de manera completa y sincera, nos conecta con la compasión y la aceptación, y devuelve la paz a nuestras vidas.

Esta música (que recomiendo escuchar con auriculares) y la imagen asociada, nos conducen hacia el fin de un conflicto armado… El Perdón permite dar fin a nuestra guerra interna, el Perdón nos trae la paz.

Seguidamente les dejo el artículo para reflexionar, un abrazo, Marilín.

LA PAZ QUE OFRECE EL PERDÓN

Del libro «Perdonar», de Robin Casarjian.

 Cuando el matrimonio llega a su fin

Con frecuencia, cuando un matrimonio fracasa, uno de los cónyuges pierde la fe en el otro y en lo que éste es o puede llegar a ser. Entonces podría resultarle más fácil a ese cónyuge no perdonar, pensar que el otro es un estúpido o un canalla, endurecer el corazón, distanciarse y continuar con su vida. Cuando se perdona, las experiencias posibles son mayores. Es probable que al ir quitando las capas de sentimientos se deje al descubierto el amor y el deseo de ser amado. En algunas relaciones es posible abrirse al perdón después de haber decidido separarse y seguir cada cual su propio camino. En estas ocasiones puede resultar particularmente doloroso abrirse a la verdad de este amor. Cuando el corazón está abierto se siente más tristeza, desilusión o aflicción por la pérdida. Sin embargo, si se mantiene abierto el corazón mediante el perdón, incluso en circunstancias tan dolorosas como el divorcio, se favorece la cicatrización y se experimentan una paz, una claridad y una ecuanimidad más profundas y una mayor confianza en el propio Yo y en el futuro.

Tanto si se elige seguir juntos como si se opta por la separación, es esencial sanarse a uno mismo y sanar la relación mediante el perdón para resolver los sentimientos y continuar con la propia vida.

La historia de Patricia

Hace unos siete años Jeff, mi marido, se enamoró de otra mujer y se fue a vivir con ella dejándome con dos niños pequeños. Me sentí más asustada y furiosa de lo que jamás me había sentido en la vida. Durante los seis meses siguientes a su marcha me vi consumida por sentimientos asesinos hacia Jeff y Karen, su nueva compañera. Toda mi vida giraba en torno al hecho de ser una víctima del divorcio. Siempre que Jeff venía a casa a ver a los niños, tan pronto como escuchaba el timbre, me inundaban sentimientos conflictivos. Lo odiaba y sin embargo deseaba que volviera a mí.

Finalmente, desesperada, y con el fin de apaciguar mis sentimientos, intenté poner en práctica algunas enseñanzas de Un Curso de Milagros, ese libro que enseña el perdón. Me despertó particularmente la curiosidad una lección que nos dice que tratemos de ver con otros ojos a las personas que conocemos, dejando de lado toda la carga del pasado.

Ideé un plan. Por las noches me ejercitaba en ver a Jeff en mi imaginación de una manera nueva. Al día siguiente, cuando sonaba el timbre, bajaba las escaleras, miraba la puerta y me decía: «Estoy decidida a ver las cosas de manera diferente». Después abría la puerta y trataba de estar presente en el momento. Cuando él decía «Hola», yo intentaba limitarme a contestar «Hola», en lugar de decir algo antipático como: «¿Te atreves a decir «hola» después de lo que me has hecho?».

Me llevó mucho tiempo, pero dio resultado. Llegó el momento en que realmente logré verlo de otra manera. Los días en que conseguía abrir la puerta y verlo sin recordar las cosas desagradables, me sorprendía sintiendo verdadera compasión por él. Me parecía triste que tuviera que venir a llamar a la puerta para poder ver a sus propios hijos. No vivía con ellos, ni siquiera tenía llave de la casa. Y cada vez que deseaba ver a sus hijos tenía que enfrentarse conmigo, una persona que probablemente le iba a chillar. Eso debía de ser una pesada carga para él.

Continué con la práctica del perdón y poco a poco fui capaz de comprender que Jeff sólo era una persona que iba por la vida igual que todo el mundo. Su principal objetivo en la vida no era destrozarme. Se trataba sencillamente de que no había sido feliz en su matrimonio conmigo y deseaba estar con otra persona. Cuando comencé a ver esto con más claridad, empecé también a ver la parte que me tocaba en la ruptura de nuestro matrimonio. Jeff solía decirme: «Siempre te quise, pero tú nunca mostraste demasiado interés por mí». Yo siempre había negado eso con vehemencia, pero cuando comencé a verlo sólo como una persona que vivía su vida, pude ver también que en realidad nunca había estado muy enamorada de él y que, la verdad, tampoco
estábamos muy hechos el uno para el otro. Esos eran mis sentimientos incluso cuando nos casamos, pero no había estado dispuesta a reconocerlo.

Lo que me hizo más difícil dejar marchar la rabia y perdonar a Jeff fue tener que aceptar lo que sucedía en mi vida. Creo que eso muchas personas divorciadas no lo hacen nunca, de manera que se quedan en el mismo sitio como si todo hubiera sucedido ayer. Aunque me llevó mucho tiempo, me siento liberada por haber sido capaz de perdonar.

La amistad en el matrimonio

Para que un matrimonio prospere, cada miembro de la pareja ha de tener el deseo de construir una amistad mutuamente solidaria. En su expresión más plena, la amistad se basa en la generosidad: generosidad para escuchar, generosidad en el afecto, generosidad en todo lo que se tiene y se es. En una amistad, cada uno se preocupa de los deseos y necesidades del otro, además de los suyos propios, se celebran mutuamente los éxitos y se ofrece un apoyo y un consuelo recíprocos cuando las cosas no van tan bien.

Cuando se trabaja sinceramente en el perdón, crece nuestra capacidad para la amistad, que se convierte en el cimiento seguro de la relación. Habrá ocasiones en el matrimonio en que uno de los cónyuges está dispuesto a continuar siendo amigo aun en el caso de que no obtenga mucha respuesta por parte del otro, porque está comprometido de corazón. Para favorecer y conservar la paz que ofrece el perdón, es necesario, en último término, esforzarse e intentarlo sin esperar la recompensa de la reacción del otro.

Sin perdón no hay amistad, y sin amistad no hay verdadera vida conyugal. Sólo cuando damos un paso atrás para contemplarnos con más compasión a nosotros mismos y a nuestra pareja, tenemos la fuerza y la claridad necesarias para actuar de maneras esencialmente más satisfactorias, sinceras y amorosas para los dos.

Pausa y reflexión

  • ¿Consientes en favorecer el desarrollo de tu pareja, aunque te pueda causar cierta ansiedad?
  • ¿Quieres esforzarte por ser paciente y aceptar las diferencias que hay entre vosotros?
  • ¿Quieres ofrecer respuestas y observaciones sinceras, sin críticas ni acusaciones?
  • ¿Consientes en respetar y honrar las necesidades de tu pareja, aunque sean diferentes de las tuyas?

Observa y toma conciencia de tus respuestas con amabilidad y sin juzgar.

Aunque ambos miembros de la pareja estén muy dispuestos a perdonar, surgirán enfados de cuando en cuando. Es necesario y sano para cualquier relación que haya espacio para los enfados. Cada persona necesita la libertad de expresarse sin la amenaza del rechazo o el abandono emocional. En una relación que promueve el desarrollo y el respeto mutuos, ninguno de los dos ha de reprimir o negar sus sentimientos para ser amado y aceptado. Todos necesitamos libertad para expresar el dolor y el temor, así como la alegría.

Nuestra disposición a permitir la expresión del temor del otro sin reaccionar necesariamente con temor, y a ver y aceptar toda la verdad de una situación, sin proyectar, es la paz que ofrece el perdón. Si el ser amado se siente molesto, asustado o dolido, hay preocupación y compasión. Hay espacio para su dolor y su temor, a la vez que reconocimiento y afirmación de su fuerza.

El objetivo del perdón en el matrimonio no es necesariamente lograr que no se rompa. Es ayudarnos a descubrir la gloria de nuestro Yo en un contexto donde con facilidad podríamos perderlo en medio de la confusión de las críticas y los conflictos. Es enseñarnos que dar y recibir son una misma cosa. Es permitirnos experimentar la alegría de la amistad y la plenitud de una auténtica comunicación. Es darnos la paz, porque al tenerla podemos compartirla y enseñar a nuestro compañero de viaje que la paz es posible. Es mostrarle a nuestra pareja, tanto si lo sabe cómo si no, que es digna de amor. Es proporcionarnos los medios para vivir una vida responsable y plena.