CB 2021 – 3

COMPARTIR BIENESTAR 2021 –  3

Bienvenidos

Hoy abordamos el tema del Poder Interior, aquel que nos permite levantarnos y fortalecer nuestro eje interno, nos ayuda a expandirnos en equilibrio manifestando lo que somos en esencia. Los invito a poner atención al plexo solar en la zona del esternón y a conectar con su poder interior, con el acompañamiento de esta música.

Namasté, Marilín.

 
 

EL PODER INTERIOR

“Nuestro miedo más profundo”, de Marianne Williamson

Nuestro miedo más profundo no es el de ser inapropiados. Nuestro miedo más profundo es el de ser poderosos más allá de toda medida. Es nuestra luz, no nuestra oscuridad, lo que nos asusta. Nos preguntamos: ¿Quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso? Más bien, la pregunta es: ¿Quién eres tú para no serlo? Eres hijo del universo. No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras. Nacemos para poner de manifiesto la gloria del universo que está dentro de nosotros, como lo hacen los niños. Has nacido para manifestar la gloria divina que existe en nuestro interior. No está solamente en algunos de nosotros: Está dentro de todos y cada uno. Y mientras dejamos lucir nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo. Y al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás.

 

 “El universo de lo sencillo”, de Pablo Arribas.

Cada vez que una persona brilla, no se nos advierte de su grandeza, sino de la grandeza de todos los hombres. Cuando Edmund Hillary —por citar un ejemplo— alcanzó en 1953 la cumbre del Everest, no mostró su superioridad sobre el resto de los mortales, sino que abrió caminos de posibilidad para que otros pudieran realizar su misma hazaña. Por este motivo, quien atenta contra la brillantez de una persona —sea en la forma que sea—, lo hace contra la brillantez de toda la humanidad.

Dentro de cada uno de nosotros tiene lugar un combate: A un lado, con albornoz, zapatillas de andar por casa y lema “A mí déjenme tranquilo”, nuestra necesidad de comunidad y conexión; al otro, con zapatillas de deporte, guantes de acero, estómago vacío y a grito de “Quiero comerme el mundo”, nuestro anhelo de individualidad. Si bien somos resultado de una fuerza natural que nos empuja a permanecer compactos y homogéneos, también lo somos de una luz interior que nos pide salir con vehemencia. Es la luz de nuestra singularidad, de aquello que nos distingue y nos hace especiales. Si todos disponemos de esta fuerza, ¿por qué vivir a oscuras?

La grandeza no está en ser el centro de los focos, sino en ser foco que alumbra.

Los grandes saltos en la historia han sido consecuencia de un acto de rebeldía. Cada vez que un pueblo ordenaba construir una muralla que cercara su ciudadela, una parte del mundo se resentía; por el contrario, cuando alguien decía «Traspasemos aquella colina», el mundo entero avanzaba. Nada de lo que hoy nos rodea sería como lo conocemos de no ser por personas que decidieron desmarcarse y actuar sin esperar la aprobación o el permiso de los demás. «Si le hubiera preguntado a la gente qué quería, me habrían dicho que un caballo más rápido«, declaró el revolucionario Henry Ford. Evolucionar implica siempre dar un paso fuera de la manada.

En un mundo lleno de interacciones y conexiones, no es fácil proclamar nuestra individualidad y, mucho menos, destacar. ¿Cuántas manos no se levantan en clase aun sabiendo la respuesta? ¿Cuántas malas miradas a quien quiere subir nota? Por lo general, no gusta ni lo muy bueno, ni lo muy malo, gusta lo igual. A no ser que se trate de ídolos o referentes ampliamente reconocidos, aquello que sobresale de la normalidad es mirado en unas ocasiones con escepticismo y en otras con recelo o rivalidad. Mostrar un talento constituye muchas veces una amenaza para nuestra continuidad dentro del grupo, lo que provoca que en lugar de actuar utilizando todo nuestro potencial, acabemos por situar nuestros talentos a la altura de la media. En cualquier caso, y por fuerte que resulte la presión del entorno, culpabilizar a los demás de la rebaja de nuestras capacidades es una falta de responsabilidad.

Cuando veo a gente que podríamos denominar ordinaria haciendo cosas extraordinarias no siento envidia, ni rabia, ni les deseo nada malo. Todo lo contrario. Cada vez que veo a una persona tejida con los mismos hilos que estoy tejido yo, me pregunto: ¿quién demonios soy yo para quedarme aquí sentado, lamentándome y poniendo excusas?

Existe la creencia de que un excesivo éxito podría ofender y generar envidias en los demás y que, por tanto, lo mejor es permanecer agazapado. «¿Quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso?», nos preguntamos. Cuando más bien la pregunta debería ser: «¿Quién eres tú para no serlo?», nos recuerda Marianne Williamson en su memorable poema. Ella misma nos da la respuesta: «Eres hijo del universo. No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras».

Seth Godin lo expresa así:

«Nos consume la humildad de pedir indicaciones, seguir al líder y no arriesgarnos. Hemos adoptado la humildad de no tomar la iniciativa y de diseñar una vida en la que nadie nos puede culpar absolutamente de nada. Mientras no suframos una escasez de humildad, el problema real será este: seguimos volando demasiado bajo. Tememos tanto demostrar nuestro orgullo desmedido, nos asusta tanto la vergüenza de que nos digan que hemos volado demasiado alto, nos paraliza de tal modo el pánico a no encajar, que nos creemos la propaganda y no hacemos todo lo que podemos».

No hay razón para vivir con el interruptor apagado. Ni siquiera la necesidad de amor sirve como excusa. Si te quieren, tienes el clima perfecto para ser tú; y si no te quieren, tienes el motivo perfecto para irte. Cuando traten de aislarte, reducirte o ignorarte, no pienses que es marginación, piensa que es… ¡la soledad del héroe! En lugar de vivir en sus sombras, elige un entorno a la altura de tu luz.

Si tu grupo mata tu singularidad, aniquila tus ilusiones o reduce tus capacidades, entonces no era tu grupo. Parte en paz.

Antes de pensar que eres una oveja negra, piensa: “¿Y si soy la oveja blanca de un rebaño negro?

Ser diferente es un privilegio reservado a aquellos pocos que tienen el coraje de aceptar su luz. Es muchas veces la respuesta ante la pregunta «¿Quieres encajar o quieres sobresalir?» la que determina el futuro de las personas excelentes. A un lado, los que prefieren camuflarse en la multitud, los que esconden su voz y sus desafinos entre el coro; al otro, los que dan un paso al frente y se atreven a cantar a capela un solo.

Nunca pidas perdón por mostrar tus talentos. Cada vez que brillas iluminas un camino por el que otros —quienes sepan verlo— transitarán.

Sé tú, sé único… ¡raro si hace falta! Sé una excepción y serás excepcional.

ALGUNAS REFLEXIONES

A través de estas lecturas se nos invita a tomar contacto con nuestro poder interior para desplegar nuestra grandeza, la luz de nuestra esencia para el bien propio y el de los demás. Es realmente motivador poder vislumbrar ese objetivo, esa imagen en el horizonte en la cual somos poderosos, grandes, brillantes, pero con sabiduría y equilibrio. Algunos podemos sentir una gran inspiración para salir del letargo y tomar nuestro poder al mejor estilo He Man con su espada del augurio.

Como sucede en todos los aprendizajes que nos tocan abordar, siempre existen los extremos y un largo camino de experiencias muy personales de aprendizaje, que nos van mostrando los puntos intermedios hasta llegar al equilibrio. La toma del poder interior no escapa a este proceso, se va desarrollando y profundizando a medida que recorremos el camino de la vida, en el cual cada paso nos permite aprender una nueva faceta dentro de lo que significa tomar nuestro poder interior y hacernos cargo de él. En esa puja interna que bien describe Pablo Arribas, entre el “somos todos iguales” y “soy único y diferentes a todos”, se van despertando progresivamente en nuestra vida muchos aspectos en donde se requiere de discernimiento para encontrar ese sutil punto de equilibrio.

Por otro lado, como todos sabemos, no hay poder que pueda ser ejercido sin hacerse completamente responsable, con lo cual cada aprendizaje sobre el poder interior requiere de ir desarrollando la capacidad de discernir qué es lo que necesitamos en cada momento, tomar decisiones, poner voluntad para llevarlas adelante y hacernos cargo del resultado. Se trata nada más y nada menos que de pasar de la adolescencia a la adultez espiritual.

Energéticamente ubicamos el centro de poder en la zona del plexo solar, allí donde encontramos la fuerza de voluntad y la capacidad para plantarnos en la vida desde nuestra singularidad, sabiendo poner límites sanos para proteger nuestro desarrollo, pero sin dañar a nadie, e incluso tal vez aportando al desarrollo de los demás. Es el centro energético que divide al cuerpo en dos partes, las cuales contienen ciertas simetrías por haber compartido procesos de multiplicación celular durante el desarrollo gestacional (cabeza-abdomen, clavículas-caderas, canal de comunicación-canal de reproducción). Es el centro del equilibrio en todos los aspectos y facetas.

Entonces, la toma del poder interior no es algo que conseguimos de la noche a la mañana, sino más bien una tarea cotidiana, que nos va fortaleciendo progresivamente de la mano de la responsabilidad y que nos conduce capa a capa a abordar todos los desequilibrios que venimos sosteniendo en nuestro recorrido como almas.