CB 2021 – 11

COMPARTIR BIENESTAR 2021 – 11

¡Bendecido viernes para compartir!

Iniciamos el último mes del año y último mes del Compartir Bienestar 2021. Personalmente siento que este proyecto me ha dado muchas satisfacciones, y he crecido a través de él. Ha sido una vía para expandirme compartiendo.

Como todo lo que ocurre en la vida, esta propuesta tuvo un nacimiento, una etapa de crecimiento y ahora se vislumbra su culminación a fin de año. ¿Y cómo se vislumbra ese final desde mi lugar? A cada instante se siente más y más fuerte esta sensación de que las palabras no alcanzan a contener la consciencia, a contener los significados realmente profundos. Es divertido, de hecho, leer la frase anterior a la luz de mi experiencia ya que, pasé más de la mitad de mi vida mayormente en silencio, luego de lo cual busqué los caminos para aprender a expresarme a través de las palabras, para finalmente apreciar la totalidad o la consciencia al soltar la necesidad de atraparla para compartirla (y por lo tanto limitarla) a través de conceptos y palabras. ¡Qué hermoso juego este de la dualidad que nos lleva de un extremo al otro, sólo para reconocernos y volver a la unidad!

Bueno, dicho esto les comparto en el día de hoy un texto de Anthony de Mello que, de alguna manera, también nos habla de la necesidad de “atrapar”, de controlar, de poseer, que las personas tenemos y experimentamos en diferentes aspectos de nuestra vida. Es esa necesidad de atrapar la felicidad, por ejemplo, que termina transformándose en una jaula en la cual nos encerramos a nosotros mismos, una jaula que no sólo nos roba la libertad, sino que también nos deja sin la felicidad, confundidos y contrariados. Nuestro miedo nos impulsa a desear cosas/personas/situaciones para sentirnos mejor, atraparlos y apegarnos a ellos creyendo que se trata de amor. Pero el amor no es eso, el amor es libre, libre de control y de juicios, acepta incondicionalmente las cosas/personas/situaciones tal y como son, fundiéndose con ellas, sin buscar cambiarlas.

El amor verdadero abre las jaulas, nos expande y nos hace libres.

Los invito a disfrutar del texto y acompañarlo con esta música.

Sin expresar ningún deseo en el día de hoy, sólo les digo GRACIAS.

Marilín.

Donde hay MIEDO no hay AMOR

¿Qué es el amor? La ausencia de miedo

¿Y qué es a lo que tenemos miedo? Al amor, respondió el maestro

La base del sufrimiento es el apego, el deseo. En cuanto deseas una cosa compulsivamente y pones todas tus ansias de felicidad en ella, te expones a la desilusión de no conseguirla. De no haber deseado tanto que tu amigo o tu pareja te acoja, te contemple y te tenga en cuenta, de no desearlo tanto, no te importaría su indiferencia ni su rechazo. Donde no hay “deseo-apego”, no hay miedo, porque el miedo es la otra cara del apego y ambos son inseparables.

Si amas de verdad, tendrías que poder decir sinceramente: “Te veo como eres, y no como yo desearía que fueses, y así te amo así, sin miedo a que te escapes, a que me faltes, a que no me ames.”

Porque en realidad, ¿Qué deseas? ¿Amar a esa persona tal cual es o a una imagen que no existe?

En cuanto puedas desprenderte de esos apegos, podrás amar; a lo otro no se le debe llamar amor, pues es todo lo contrario de lo que el amor significa.

El enamorarse tampoco es amor, sino desear para ti la imagen que te imaginas de una persona. Todo es un sueño, porque esa persona no existe. Por eso, en cuanto conoces la realidad de esa persona, como no coincide con lo que tú te imaginabas, te desenamoras. La esencia de todo enamoramiento son los deseos. Deseos que generan celos y sufrimiento porque, al no estar asentados en la realidad, viven en la inseguridad, en la desconfianza, en el miedo a que todos los sueños se acaben, se vengan abajo.

El enamoramiento proporciona cierta emoción y exaltación que gusta a las personas con una inseguridad afectiva y que alimentan una sociedad y una cultura que hacen de ello un comercio. Cuando estás enamorado no te atreves a decir toda la verdad por miedo a que el otro se desilusione porque, en el fondo, sabes que el enamoramiento sólo se alimenta de ilusiones e imágenes idealizadas.

El enamoramiento supone una manipulación de la verdad y de la otra persona para que sienta y desee lo mismo que tú y así poder poseerla como un objeto, sin miedo a que te falle. El enamoramiento no es más que una enfermedad y una droga del que, por su inseguridad, no está capacitado para amar libre y gozosamente.

La gente insegura no desea la felicidad de verdad; porque teme el riesgo de la libertad y, por ello, prefiere la droga de los deseos. Con los deseos vienen el miedo, la ansiedad, las tensiones y por descontado, la desilusión y el sufrimiento continuos. Vas de la exaltación al desespero.

¿Cuánto dura el placer de creer que has conseguido lo que deseabas? El primer sorbo de placer es un encanto, pero va prendido irremediablemente al miedo a perderlo, y cuando se apoderan de ti las dudas, llega la tristeza. La misma alegría y exaltación de cuando llega el amigo, es proporcional al miedo y al dolor de cuando se marcha o cuando lo esperas y no viene… ¿Vale la pena? Donde hay miedo no hay amor, y podéis estar bien seguros de ello.

Cuando despertamos de nuestro sueño y vemos la realidad tal cual es, nuestra inseguridad termina y desaparecen los miedos, porque la realidad Es y nada la cambia. Entonces puedo decirle al otro: “Como no tengo miedo a perderte, pues no eres un objeto de la propiedad de nadie, entonces puedo amarte, así como eres, sin deseos, sin apegos ni condiciones, sin egoísmos, sin querer poseerte.” Y esta forma de amar es un gozo sin límites.

¿Qué haces cuando escuchas una sinfonía? Escuchas cada nota, te deleitas en ella y la dejas pasar, sin buscar la permanencia de ninguna de ellas, pues en su discurrir está la armonía, siempre renovada y siempre fresca. Pues, en el amor, es igual. En cuanto te agarras a la permanencia destruyes toda la belleza del amor.

Donde hay miedo no hay amor, y podéis estar bien seguros de ello.

No hay pareja ni amistad que esté tan segura como la que se mantiene libre. El apego mutuo, el control, las promesas y el deseo, te conducen inexorablemente a los conflictos y al sufrimiento y, de ahí, a corto o largo plazo, a la ruptura. Porque los lazos que se basan en los deseos son muy frágiles. Sólo es eterno lo que se basa en un amor libre.

Los deseos te hacen siempre vulnerable.

ANTHONY DE MELLO