CB 2021 – 10

COMPARTIR BIENESTAR 2021 – 10

Bienvenidos y buena jornada para todos!

Un día hermoso para compartir, en este caso, aportes sobre un gran tema: la Compasión.

En una realidad tan polarizada como la que vemos y experimentamos hoy, la COMPASIÓN es una actitud y un estado interior que se torna indispensable. La compasión es el PEGAMENTO que une los extremos (internos y externos), el pegamento que nos une a todos, que integra todo lo que somos con lo que fuimos y lo que seremos, aquello que permite unir y conciliar lo más iluminado con lo más oscuro, ese estado que nos acerca a la aceptación y a la apertura a todo lo que es, tal y como es; para poder así construir y crear desde la UNIÓN.

También es cierto que la COMPASIÓN, como todo, requiere de EQUILIBRIO; y la búsqueda de equilibrio, como todo, es un PROCESO. En un extremo están las personas que buscan continuamente salvar a los demás del dolor, preocupándose en exceso por ellos e interfiriendo en sus caminos de evolución. En el otro extremo están quienes prefieren ignorar a los demás, ocupándose solo de sí mismos, sin responder a las oportunidades que la vida les presenta para aportar de alguna manera al bienestar del entorno. Cada uno de estos extremos tiene, por supuesto, una correspondencia a nivel interior.

Ninguno de estos dos extremos es incorrecto, ambos forman parte de un mismo camino cuyo equilibrio está en el centro: la verdadera compasión. Es un recorrido a través del cual vamos pasando por diferentes procesos de APRENDIZAJE, hasta que finalmente logramos INTEGRAR todas las facetas y aspectos relacionados a la compasión.

Con esta música de fondo, los invito a profundizar en la teoría y la práctica de este tema.

Que la compasión se expanda y nos abrace a todos.

Marilín.

 

EL PEGAMENTO DE LA COMPASIÓN

 

Maneras de practicar la compasión, por Marjorie Korn

 

La investigación revela que la compasión es mucho más que simplemente una reacción al sufrimiento de los demás. También es una habilidad esencial, una que puede ser mejorada con el tiempo para transformar tu vida y aumentar tu felicidad.

Hay veces cuando oímos hablar de un suceso trágico y nos sentimos obligados a responder con un acto de compasión. Puede estar dirigida a los que están lejos de nosotros -por ejemplo, una organización basada en la donación para ayudar a las víctimas de un desastre natural, o a algo muy cercano, como hacer la cena para un amigo que ha perdido a uno de sus padres. Estamos conectados al sufrimiento de los demás, sin embargo, también podemos experimentar algo sorprendentemente positivo: «Cuando ayudamos a alguien, además de nuestra verdadera preocupación por su bienestar, nuestros niveles de endorfinas, las cuales están asociadas con sentimientos de euforia, aumentan en el cerebro, un fenómeno al que llamamos ‘Beneficios del Ayudante». Dice Thupten Jinja, profesor adjunto de estudios religiosos en la Universidad McGill, autor de Audacia del corazón, y principal traductor Inglés del Dalai Lama durante tres décadas: «La sensación de calor que obtenemos de nuestra propia compasión ayuda a la liberación de oxitocina, la misma hormona liberada por las madres lactantes-la cual está asociada a la reducción de los niveles de inflamación del sistema cardiovascular, un factor importante en las enfermedades del corazón».

A pesar de la curación natural que la compasión puede otorgar a otros y a nosotros mismos, no siempre es una respuesta automática, por la presión y exigencias de la vida diaria. Pero la investigación está mostrando que en realidad podemos fomentar nuestra capacidad de compasión, de modo que cuando se presenten situaciones dolorosas, podemos relacionarnos más eficazmente con la persona que la necesite. Según un estudio de la Universidad de Wisconsin-Madison, las personas que fueron instruidas para escuchar a una media hora de meditación para promover la compasión, diariamente durante dos semanas, fueron más generosas con su dinero y tuvieron una mayor activación en un área del cerebro asociada con el placer y la recompensa, en comparación con aquellos que se sometieron a un tipo diferente de entrenamiento relacionado con el sufrimiento de las personas. «Creemos que la gente está aprendiendo a encontrar gratificante el cuidado de los demás «, dice Helen Weng, psicóloga clínica y neurocientífica que estudia la influencia de la meditación en la atención y compasión en el Centro Osher de Medicina Integral de la Universidad de California, San Francisco.

Para cultivar más compasión, lo mejor es comenzar con las personas cercanas a nosotros, como amigos queridos y familia. A continuación, nos centramos en la compasión por nosotros mismos (que puede ser sorprendentemente resistente). Y, por último, avanzamos con la práctica de la compasión por los extraños. Los siguientes ejercicios se pueden incorporar en nuestro día a día para fortalecer nuestra conciencia del sufrimiento (en los demás y propio) y aprender cómo responder con presteza. Antes de darnos cuenta, podremos conectar con los demás de una manera más significativa, haciendo del mundo un lugar mejor.

 

La compasión por los seres queridos

Cuando un ser querido está pasando por un momento doloroso, por ejemplo, un amigo ha perdido su trabajo o un miembro de la familia está enfermo y en el hospital, por compasión tendemos a ofrecernos a compartir y tratar de aliviar el dolor. Pero hacernos cargo del dolor del otro es una gran tarea, especialmente si cargamos con nuestros propios dolores, y es también innecesario. En cambio, el verdadero objetivo de la compasión es estar presente para lo que está sucediendo, sin tratar de arreglar las cosas o absorber el dolor. Así, en lugar de apresurarnos a hacer una lista de cosas por hacer, simplemente ofrecemos un abrazo. «Parte de la compasión es aprender a ser consciente y estar presente con la persona que está sufriendo, sin tener que ceder al impulso de querer resolver el problema», dice Jinja.

Otras veces, en realidad somos parte del conflicto o acontecimiento doloroso. Considere la posibilidad de una pelea con su madre, en la que en una conversación telefónica ha dicho cosas que no quería. «Cuando las cosas se enfríen, revise lo que pasó y piense lo que hubiera evitado con una respuesta más compasiva «, dice Jinja. Entonces, la próxima vez que llame a su madre, antes de marcar, piense en cómo desea que se desarrolle la llamada, tal vez pueda comprometerse a utilizarla como una oportunidad de fortalecer su relación.

Tratar de no lastimar a seres queridos de una manera reflexiva y constructiva también conlleva a beneficios físicos que ayudan en situaciones de estrés. Por ejemplo, cuando se practica la compasión, el ritmo cardíaco y la respiración se aplacan, evidencia de que su sistema nervioso parasimpático reduce el trabajo. «Practicar la compasión le pone en un estado fisiológico en el que está se está centrado y conectado a tierra, que es un estado mejor para tomar decisiones» dice Kelly McGonigal, profesor de yoga y co-director del centro para la Compasión y el Altruismo de la Escuela de Stanford, en Palo Alto, California. De esa manera, si, por ejemplo, un miembro de la familia te provoca durante las fiestas, tu reacción no será una respuesta verbal que le duela, sino más bien una respuesta considerada que ayudará a reparar la situación en lugar de exacerbar la misma.

Ejercicio: Considere el motivo

A veces no somos capaces de extender la compasión a nuestros amigos y familiares porque sentimos que estamos sitiados por nosotros mismos, nuestras limitaciones y asuntos que nos quitan energía. Piense en esa conversación en caliente con su madre: Tal vez se trató menos de lo que ella le ha dicho y mucho más sobre el correo electrónico que su jefe dijo que le enviaría después de las horas de trabajo y que le dejó temiendo una suspensión o regaño hasta la mañana siguiente. Como sociedad, estamos acostumbrados a dejar el trabajo en el trabajo, pero ahora el bombardeo del correo electrónico y el hecho de que esos asuntos laborales están siempre con nosotros (gracias a los teléfonos inteligentes) pueden hacernos sentir que alguien siempre puede seguir agobiándonos después de nuestro tiempo en el trabajo. Este agobio constante suele despertar nuestras defensas, por lo que podemos no considerar que las personas cercanas necesitan nuestra compasión. Para contrarrestar estos factores de estrés, creemos un entorno físico que nos permita conectar mejor con las personas importantes para nosotros. Escriba una lista de reglas para sí mismo, como no consultar el correo electrónico a primera hora de la mañana y el establecimiento de un tiempo de corte de correo electrónico en la tarde. Haga que todas las comidas se compartan con la familia o amigos libre de teléfonos. Y si se puede, deje el correo electrónico fuera de su alcance el fin de semana.

 

La compasión por sí mismo

En la sociedad moderna, la auto-compasión puede ser un obstáculo. Vivimos en un mundo competitivo en el que, desde una edad temprana, nuestros logros se comparan con los de los demás. «Se crea un ambiente donde los niños tienen un sentido de autoestima marcado por criterios externos, como conseguir el afecto de los padres por sus buenas calificaciones y no ser castigados por las malas,» explica Jinja. A medida que envejecemos, tendemos a confundir la auto-compasión con egoísmo. Las mujeres tienden a sufrir más porque hay una mayor presión social para poner a los demás primero-en particular los niños. De esa forma, comienza a creer que ella no merece la auto-compasión, dice Jinja. Cuando permitimos a la auto-conciencia usurpar la auto-compasión, la vida se vuelve menos alegre. Nos puede hacer sentir incómodos en situaciones sociales y nos lleva a preocuparnos de que las personas nos juzguen.

Un gran truco para aprovechar su auto-compasión es recordar un momento benéfico, al que Jinpa explica como… «en momento en el que nos sentimos vistos, oídos y reconocidos por alguien que nos mostró una verdadera estima y afecto”. Los momentos benéficos nos hacen sentir valorados, no juzgados, y nos ayudan a encontrar el espacio para expandir nuestra propia autoestima. Así que cada vez que dude de su sentido de propósito o utilidad, se puede recurrir a estos momentos como un recordatorio de que usted tiene valor, y por lo tanto también es merecedor de auto-compasión.

 

La compasión por extraños

Los investigadores sobre compasión sostienen que las personas tienen un deseo inherente de ser amables. Tenga en cuenta que cuando un bebé recién nacido llora en la guardería del hospital, inevitablemente, otros bebés estallan en llantos. «Pero a medida que crecemos, la sociedad nos enseña quien merece nuestra empatía y quien no», dice Jinja. «Este proceso es lento y probablemente implica discriminación.» Así que en la práctica de la compasión por los demás, no se trata de desarrollar una nueva habilidad, sino de recuperarla por nosotros mismos ya que nos enseñaron a reprimir ese instinto compasivo. Piense en un hombre que pide dinero en la calle. Es posible que tenga el impulso de darle la espalda, porque viendo lo poco que tiene le hace sentir culpable por no poder hacer más para ayudarle. Por otra parte, no darle la espalda es compasivo. Pasar una hora hablando con el hombre, incluso si no le da dinero, le proporciona el don de interesarse y cuidar de alguien.

Ejercicio: La intención y la reflexión

Establezca una intención para el día y, después, reflexione acerca de si ha tenido éxito en el cumplimiento de esa intención. Establecer una intención es como hacer un plan antes de tiempo, por lo que cuando se presenta una oportunidad, ya ha elegido el camino que va a tomar. Por la mañana, pase cinco minutos meditando o beba el té y considere lo que planea hacer ese día y por qué lo va a hacer. Contemple las preguntas «¿Qué es lo que valoro profundamente?» Y «¿Qué deseo en el fondo de mi corazón para mí mismo, mis seres queridos, y el mundo?» Las respuestas, podrían ser cosas como, » Hoy en día quiero ser más consciente de mi cuerpo, mi mente y mis palabras en las interacciones con los demás, y hasta conmigo mismo, abordando los eventos a mi alrededor con bondad, comprensión y menos juicio. » Antes de ir a la cama, considere si alcanzó su intención de la mañana…si fue capaz de hacer algo que le dio vida, tal como permanecer fresco cuando alguien se le adelantó en la cola para pagar en la tienda de comestibles ¿Usted tomó su tiempo para ayudar a un nuevo empleado en el trabajo para orientarlo? Repita este ejercicio durante días y semanas ya que hace que la compasión surja con más facilidad y se sienta aún más satisfactoria.

 

Ejercicios, por Sally Kempton

 

El Juego de la compasión

Para cultivar la compasión cuando simplemente parece que no puede acceder a ella, intente una práctica de 10 minutos en el que juegas el papel de ser compasivo.

Comience por inhalar la sensación de la compasión. Ahora imagine cómo se siente una persona llena de compasión. Pregúntese:

  • ¿Cómo esta persona compasiva camina?
  • ¿Cómo piensa en los demás?
  • ¿Cómo bebe agua?
  • ¿Cómo come sus alimentos?

Asuma el carácter de una persona que se siente compasiva.

Puede realizar esta práctica durante unos minutos o un día entero. Al final, reflexione sobre cómo se sintió. Tome una inhalación profunda, respirando el sentimiento a través de su cuerpo. Entonces considere un acto compasivo que puede realizar. Esto puede ser cualquier cosa desde llamar a un amigo enfermo a darle dinero a un hogar de refugio o comprometerse a algún tipo de acción voluntaria. Cuando lo hace, vea si usted puede permanecer presente con la sensación de estar en compasión.

 

Disolver los límites

La mayoría de nosotros encontramos que cuando encendemos la compasión, aunque sea por unos minutos, cambia la forma en que hablamos y actuamos con otros. Un grupo de estudio recientemente realizado en la Universidad de Wisconsin reveló que los meditadores en el grupo fueron significativamente más propensos a acciones como ceder un asiento a un extraño con cojera que los no meditadores. Aún más interesante es el hecho de que actuar con sentimientos de compasión nos puede cambiar. Actuar con compasión nos abre a capacidades que no sabíamos que teníamos, poderes que parecen venir de más allá del yo personal.

Un amigo que trabajó durante 36 horas seguidas ayudando a rescatar a personas atrapadas por el tsunami de 2004 en Tailandia me dijo que llegó un momento cuando se dio cuenta de que ya no era «Él» ayudando. «Algo se hizo cargo», dijo. «Yo no tengo ese tipo de energía por mi cuenta. Y después de un tiempo, no veía una diferencia entre esas otras personas y yo. El rescatarlos se convirtió en ayudarme a mí mismo.” Mi amigo estaba experimentando uno de los regalos de la compasión. Este es el estado de la llamada bodhichita budista, o conciencia despierta, en la que las barreras entre usted y otra persona se disuelven, y en realidad, en lugar de actuar intelectualmente se llega a una experiencia profunda de interconexión con los otros.

Se puede cultivar la bodhichita cultivando su conciencia. Intente meditar en el hecho de que todos están conectados entre sí, que todos sufren, y que todos están abarcados por el universo. Usted comenzará a saber que todos tenemos las mismas necesidades, los mismos deseos y dudas y luchas. Así que cuando usted ayuda a otra persona con compasión, es sin la sensación de que se trata de «mi» ayudándole «a usted.» Es mucho más como si «Yo» estuviera ayudando a otra parte de mí mismo.

 

Desarrollar empatía

Esta es una de las prácticas clásicas para cultivar la compasión. Es especialmente bueno cuando es necesario encontrar compasión por alguien que no le gusta o alguien que le ha dañado.

  • En primer lugar, traiga a la mente a alguien en su vida que se enfrenta a la dificultad o el dolor. Podría ser alguien que conoce bien, alguien distante, incluso alguien que vio en la televisión. Ahora, considere esto:
  • Al igual que yo, esta persona desea la felicidad.
  • Al igual que yo, esta persona quiere estar libre del sufrimiento.
  • Al igual que yo, esta persona ha experimentado dolor, soledad y tristeza.
  • Al igual que yo, esta persona está tratando de obtener lo que necesita en la vida.
  • Al igual que yo, esta persona está evolucionando.
  • A continuación, considere el sufrimiento de esa persona. Imagínese que usted está sufriendo de la misma manera. Piense en cómo se sentiría. Piense en lo mucho que usted quiere estar libre de sufrimiento.
  • Ahora imagine cuánto menos solo se sentiría si alguien sintiera activamente su dolor y quisiera que terminara. ¿Puede hacer esto por la otra persona? ¿Puede desear activamente que su sufrimiento termine?
  • Póngase en el lugar de la otra persona, y luego sienta por un momento que su dolor es también suyo. Mantenga el deseo de que termine su sufrimiento.
  • Entonces, si es posible, haga algo bueno por ellos. Podría ser una llamada de teléfono, una donación, ir al supermercado, o simplemente compartir una comida. Hacer algo es importante aquí. No tiene que ser enorme, pero es importante tener un gesto en el mundo real.

Esta práctica puede ser tan transformadora que vale la pena hacerla todos los días. Va a ver cómo puede afectar sus opiniones e interacciones con cada persona en su vida. Esto se debe a que la verdadera clave para la activación de su compasión es reconocer este sentimiento de interconexión.

 

Ayudar a otros, ayudarse a sí mismo

Esto nos lleva a otro de los secretos de la verdadera compasión. Si desea ejercer la compasión verdadera, duradera, es necesario desarrollar un poco de compasión por sí mismo. Si usted no ha aprendido a ver sus propios defectos con compasión, no va a ser capaz de mirar a los demás sin juzgarlos. Entonces, no importa lo bien que esté la otra persona, parte de usted va a notar sus errores, sintiéndose impaciente con sus fracasos, y en secreto se preguntará si sus problemas no son culpa de ellos. En algún momento, la compasión por los demás en desarrollo va a requerir que la extienda a sí mismo.

Cultivar auto-compasión

Si usted está acostumbrado a ser su propio peor crítico, el cultivo de auto-compasión puede ser un reto. Pruebe este ejercicio en el que usted se trata con el cuidado y el amor que lo haría a un niño pequeño.

  • Siéntese tranquilamente y observe su respiración durante unos minutos.
  • A continuación, lleve a la mente un momento en el que se sintió importante, incluso en algo pequeño. Vea si se puede acceder a la sensación de que alguien le atiende. Observe cómo se siente su corazón, ¿cómo se siente su cuerpo?
  • Ahora usted imagínese como un niño. Puede ser que incluso recuerde un momento en que se sintió infeliz como un niño.
  • Imagine que su yo adulto acuna al niño. Sienta el instinto de cuidar al niño. Dígale al niño que estás aquí. Comience a decirle al niño cómo se ve su esencia inocente, cariñosa, dentro de él o ella. Esta es una parte muy importante de la práctica. Quiere llegar a ser consciente de la singularidad de su “hijo-yo”, una singularidad que usted trae a este día.

Observe el efecto en su corazón

Una de las razones por las que es tan importante cultivar la auto-compasión es porque ayuda a mantenerse libre de lo que hemos llamado «compasión idiota» -el tipo de compasión en la que nos sentimos obligados sobrecargarnos con los problemas de todos. El auto-sacrificio en una relación puede no ser verdadera compasión, sino una forma de debilidad, al igual que la «bondad» de un padre que no disciplina a su hijo por temor a que el niño no le quiera. En su peor momento, la compasión idiota permite rasgos y conductas negativas e incluso destructivas, y de hecho impide el crecimiento.

Se necesita discernimiento para saber cómo ayudar a otra persona y cuando sugerir que se ayude a sí mismo. Cierto discernimiento sólo puede provenir de la experiencia activa con la compasión y viendo los resultados. Pero a medida que cultivamos la compasión, también podemos cultivar la reflexión. Una forma de hacerlo es mediante hacernos preguntas. No solo…»¿Cómo puedo ayudar?», Sino también «¿Qué me está motivando para ayudar?» «¿Cómo puedo ayudar de una manera que conecte a esta persona a sus propios recursos?» Y «¿Quién realmente está ayudando a quién?»

Este tipo de auto-investigación nos muestra cómo poner límites sin cerrar el corazón. Cuando escuche a un amigo necesitado, compruebe en primer lugar su propio estado. Se trata de centrarse en sí mismo, en su propia conciencia. Entonces es más probable que pueda ser un espejo para el Ser superior de la otra persona en lugar de simplemente un oído comprensivo.

 

Mirar debajo de la superficie

Uno de los regalos más compasivos que puede dar a una persona es ver a esa persona como su esencia al mirar más allá de las máscaras que cada uno lleva dentro.

En algún momento, cuando se está caminando o montando un autobús, mire a su alrededor. Entonces imagine a los extraños como niños pequeños, mirando el mundo con esperanza y alegría. Observe si usted no siente el aumento de algo así como simpatía o compasión.

Vaya un paso más. Vea si puede ver la esencia de esa persona, el amado, el sabio Ser que vive dentro de ellos.

Luego pregúntese: «¿Cuál es el regalo más grande que podía ofrecer a esta persona?» Imagínese que lo ofrece a ellos.

Observe cómo esa bendición ablanda su corazón. Observe lo conectado que le hace sentir. Mantenga la posibilidad de que su mirada compasiva podría abrirlo a usted y abrirlos a ellos a sentirse un poco más felices, un poco más compasivos para consigo mismos.

 

Artículo extraído de https://vientosdeconsciencia.blogspot.com/